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Premio para Gabriel Báñez

 
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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:51 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

El escritor y periodista platense Gabriel Báñez ganó el Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur, que se entregó ayer en la ciudad de Puerto Madryn (Chubut), con La cisura de Rolando, “una novela que combina el riesgo estético y la destreza de su autor para manejar una trama de muchas aristas, en la que se destacan un notable sentido del humor y una aguda reflexión sobre la Argentina”, según señaló el jurado, integrado por Claudia Piñeiro, Juan Sasturain y Martín Kohan, que la eligió por unanimidad entre las diez obras finalistas. Además, recibieron dos menciones especiales El silencio del río, de Juan Martín Guastavino, y Mayo de Sergio Dubcovsky. Báñez nació en La Plata, en 1951. Es autor de Parajes, El capitán Tresguerras fue a la guerra, Hacer el odio, Góndolas, El curandero del cuarto oscuro, Paredón, paredón, Los chicos desaparecen (llevada al cine por Marcos Rodríguez), El circo nunca muere, Octubre amarillo, Virgen y Cultura.

source: pagina12


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:51 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

Premio internacional al novelista platense Gabriel BáñezLa Plata - El escritor platense Gabriel Báñez ganó el Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur, dotado con 50 mil pesos y la publicación de la obra, por su novela "La cisura de Rolando", seleccionada finalmente entre unas 300 novelas de nuestro país y del extranjero.






Gabriel Báñez, ex alumno del Colegio Nacional Rafael Hernández de la UNLP, tiene una reconocida trayectoria como novelista y también en el ámbito del periodismo. Es columnista de El Día y está a cargo, desde hace décadas, de la sección literaria del diario.
La ciudad de Puerto Madryn fue la sede elegida por los organizadores del concurso para entregar el premio, auspiciado por la librería El Ateneo y el grupo Jornada de la provincia de Chubut. El jurado que determinó que la obra de Báñez resultara ganadora estuvo compuesto por Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan, tres escritores argentinos de amplia trayectoria y reconocimiento internacional.
El flamante galardón fue entregado ayer en el inmenso espacio cultural Ecocentro, de temática marítima y a orillas del Golfo Nuevo. Como se dijo, cerca de 300 novelas se presentaron al concurso pero sólo diez resultaron finalistas luego de una preselección coordinada por Marcos Mayer.
Las novelas finalistas fueron "El Desarraigo", bajo el seudónimo de Gerardo Bresler; "El Silencio del Río", de Rodolfo Espósito; "El Templo del Morbo", de Manuel F; "La cisura de Rolando" de H. Ducho; "La noche de Jamen Dean" de Manuel Tabrada; "Los Jasis", de La Ramonita; "Mayo", de Villa; "Nación NN", de G. Mol; "Números Primos", de Mar & Mar, y "Padre Murando", de Oñate.
"Entre las finalistas hay un nivel parejo y muy bueno, ciertas semejanzas y un perfil de narraciones clásicas en general y de temáticas diversas", contó Martín Kohan, integrante del jurado y autor de "Dos veces junio" y "Ciencias Morales" (Premio Herralde de Novela 2007).
La diversidad a la que apunta Kohan incluye un abanico que va desde "relatos del mundo rural decimonónico, hasta másurbanos, ligados al anclaje social o concentradas en un puñado de personajes. No hay género policial, y sí alguna novela relacionada con lo histórico, otra muy melancólica, dos fuertemente humorísticas, otra con un anclaje político muy fuerte. Muy diversas", recalcó.
Por su parte, Piñeiro coincidió en que las historias de donde salió ganadora la novela de Báñez tienen "un nivel bastante parejo. Todas muy correctas y muy bien escritas".
"La Cisura de Rolando", novela ganadora, saldrá al mercado en diciembre y será distribuida en varios países. El relato, según explicó el propio Báñez, cuenta la historia de un chico afásico "que se vale de otros lenguajes para hablar y la historia de ese mismo chico a los 40 años cuando, superada la afasia, por una crisis se siente incomprensiblemente feliz y decide hacer terapia lacaniana".
El premio, hay que decir, fue de carácter internacional y contó también con el auspicio de la Secretaría de Cultura de Chubut y las municipalidades de Puerto Madryn, Trelew, Rawson y Gaiman consigna El Día en su edición digital.
Imagen: El escritor Gabriel Bañez - Diario El Día

source: http://www.impulsobaires.com.ar/nota.php?id=60587


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:53 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

Letra Sur para un platense
Enviado el Thursday, 09 de October a las 22:46:26 por jornada

Lo ganó por su novela “La cisura de Rolando”. El premio fue entregado anoche en el Ecocentro. 



Anoche, en el marco espléndido del Ecocentro de Puerto Madryn, Silvina Chediek, la conductora de la ceremonia de premiación del premio internacional de novela Letra sur, organizado por Grupo Jornada, Editorial El ateneo y con el auspicio de la Secretaría de Cultura de Chubut, y del municipio de Puerto Madryn, más el aporte de empresas privadas, develó finalmente el misterio: Gabriel Bañez, autor de la novela “La cisura de Rolando”, fue la elegida en forma unánime por el jurado integrado por Juan Sasturain, Martín Kohan y Claudia Piñeiro.
A la hora señalada



Gabriel Bañez, escritor platense, para quienes no lo conocen, autor de una vasta obra, periodista del diario El día de La Plata, responsable del área cultural y editor. “Desde hace un tiempo, venía dándole en el palo, comenta simple y futbolero, con los premios porque fui finalista en varios y finalmente, se me dio en éste”. No entendía nada cuando lo llamó Marcos Mayer, pre-jurado del concurso: “No le creía, pensaba que era una broma”. Se enteró por un amigo y se decidió a enviar esa novela que había colgado en su blog, La cisura de Rolando, por el jurado, por sus integrantes, garantía de buenos lectores y, ante todo, con un criterio de amplitud y de innovación a la hora de leer nueva literatura.
Coincidencias o no



Pero también Gabriel Bañez envió su novela al concurso Letra Sur porque cuando entró a la página del premio vio una gran foto de Puerto Madryn, ciudad que le atrae cada vez más: “Vine varias veces a Puerto Madryn y me encanta. Es una ciudad para vivir de otro modo, mejor”. Por otro lado, los organizadores diagramaron una nueva forma de pensar la literatura en relación con el mercado: en principio, descentrada, y de hecho es el primer concurso realizado por fuera de la zona rioplatense (dato ampliamente subrayado por Piñeiro y Sasturain en los reportajes), con un jurado que garantice pluralidad de criterios para posibilitar, justamente, oportunidades a nuevos escritores y a nuevas formas de narración (no a las estipuladas por los “protocolos editoriales”). Ahora bien, esas cuestiones básicas en teoría pero, se sabe, la práctica a veces es algo bien distinto a la idea previa. Pero la idea funcionó, finalmente salió ganadora la novela de Bañez, un escritor pleno que le interesa la escritura por sobre la “literatura”, alguien que piensa, continuamente, en nuevos proyectos literarios. Un escritor, sin dudas, con su poética, con sus ensayos literarios a cuestas, de perfil bajo y por los costados de las “luces” mercantiles.
El premio Letra Sur es un intento por construir un nuevo polo cultural y artístico en La Patagonia, y, específicamente, en Chubut pero, vale la aclaración, no en contraposición al polo central de Buenos Aires si no como una suma, un nuevo recorrido del circuito literario; de donde que la organización del premio se realice entre dos grupos de gestión cultural: Nexo Cultura de Buenos Aires y Tela de Rayón de Trelew. Una nueva forma de pensar el campo literario nacional que, esta vez, confluyó a un buen destino: Gabriel Bañez, escritor, periodista, de La Plata, tiene la puerta abierta para que una obra suya pueda editarse, difundirse y encontrar nuevos lectores.
La buena literatura, ganó.

source: www.diariojornada.com.ar


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:54 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

GABRIEL BAñEZ, GANADOR DEL PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA LETRA SUR
“Yo soy un fanático del error”
El escritor platense festejó en la primera edición del certamen literario realizado en Madryn. La cisura de Rolando fue premiada por un jurado integrado por Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan.


Por Silvina Friera

Desde Puerto Madryn
El mar patagónico es una poderosa batería para los porteños que sondean el sosegado vaivén de las aguas, buscando alguna clave que permita aprehender esa inquietante inmensidad. “Este lugar conmueve hasta a una piedra”, dijo Alfredo Lichter, escritor y naturalista que preside la Fundación Ecocentro. ¿Dónde establecer, a simple vista, el límite entre el cielo y el océano? Mejor no intentarlo, es imposible. Si a Borges le debemos el hecho de haber convertido en obra maestra el género de la dedicatoria impresa, al escritor platense Gabriel Báñez, flamante ganador del Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur con La cisura de Rolando, le corresponde el mérito de haber transformado la dedicatoria oral, en vivo y en directo, en un arte contaminado por el stand up comedy: “Les dedico este premio a las ballenas, que con tanta puntualidad y sensatez se acercan a la costa para mirar a la gente.” Nadie se animó a comprobar si alguna ballena pegó un salto, festejando con sus piruetas la mención, pero los patagónicos aplaudieron a rabiar al escritor, ese pelado que piloteó con ironía su asumida “incapacidad para hablar”.
Báñez confesó que estuvo casi dos días “secuestrado” en un hotel de Madryn, ciudad por la que siente un modo de devoción especial llamada debilidad, felizmente escondido de los periodistas. “Un amigo de la infancia, Ignacio, cuando le comenté que había ganado, me dijo: ‘¡Cuidado!, porque vos fracasando sos muy bueno’.” Pero el chiste más festejado, al menos para los que conocen el paño del mundillo editorial, llegó cuando anunció una mala noticia: “No se trata de la historia de un chico huérfano que entra en una escuela de magia”. Y para rematar, todavía con algunas carcajadas de fondo, anticipó una buena noticia ante el jurado que lo consagró ganador por unanimidad: La novela ganadora, afortunadamente, “no es un plagio”.
Báñez, atención, escritor silencioso de perfil bajísimo, es un notable narrador que prometió comprarse un telescopio con parte de los 50 mil pesos del premio. “Lo voy a usar cuando vuelva para mirar mejor a las ballenas”, bromeó el autor de La cisura de Rolando, que se publicará en diciembre por la editorial El Ateneo. “Ducho en ser segundo”, el ahora ganador repartió agradecimientos a diestra y siniestra, pero sorprendió, menos que con la asombrosa y simpática dedicatoria a las ballenas, cuando en un gesto atípico, en una ceremonia con poco almidón, le agradeció al resto de los participantes del concurso. “Todos estamos a la espera de algo o de alguien, todos somos participantes y estamos siempre participando”, reconoció. “El humor es el recurso de la de-sesperación”, señaló el escritor y periodista platense; una frase que suena, sin serlo pero acaso queriendo, un tanto chejoviana.
Antes de la pasada excepcionalmente teatral del ganador, subió al escenario el habilidoso y entrenadísimo Juan Sasturain, uno de los miembros del jurado integrado también por Claudia Piñeiro y Martín Kohan. “Es muy lindo anunciar un premio. La novela es muy buena”, resumió Sasturain. “Los premios literarios tienen mala fama, se dice que están arreglados, pero yo estoy casado con un Premio Planeta (por Liliana Esclair)...” El autor de Manual de perdedores y Arena en los zapatos, entre otros títulos, propuso hacer un inventario temático de lo que se ha ido escribiendo en la Argentina, con las novelas que se presentan al premio Alfaguara, Clarín, Planeta, “para ver qué tenemos en la cabeza y las historias que andan circulando por ahí”. Apelando a una metáfora futbolística, confirmó que “escribir una novela no es fácil, hay que tener mucho aguante”. Martín Kohan destacó un principio que suele utilizar para premiar una obra. “Prefiero una novela que está bien, pero ha corrido riesgos; acierta, arriesgándose.” La novela de Báñez, según Kohan, tiene “un sujeto desmembrado, desintegrado, pero el narrador es muy potente y tiene un enorme poder de captura sobre el lector”.
Cuando sonó el teléfono en su casa de La Plata y le avisaron que había ganado, el escritor vivió un momento de perplejidad. “Me llamó Marcos Mayer (responsable de la preselección de las diez obras finalistas) y estuve a punto de cortarle –admitió Báñez durante la conferencia de prensa–. Le dije: ‘¿Es una joda?’. Hasta que lo acepté cuando fui a la página de Letra Sur y vi que estaba entre los finalistas.” La cisura de Rolando completa el magma de las obsesiones del escritor platense. “Casi todo lo que he escrito tiene que ver con lo disfuncional, está cerca o lo roza”, aseguró. Cultura, publicada en 2006 por Mondadori, es el relato de un escritor y editor, Ibáñez, que es disfuncional. “En este sentido, porque reincidí en este tema, a lo mejor sospecho que en alguna medida, mayor o menor, todos somos un poco discapacitados –explicó–. La versión que doy de la cultura en esa novela me gusta llamarla ‘en miligramos’. Muchos dicen que es una parodia de la cultura oficial; puede ser en la superficie, pero me parece que es un acercamiento a la medicalización actual, al encarnizamiento psiquiátrico en todo caso.”
El escritor platense no pretende hacer un análisis de la disociación. “Cuando me acerco al tema o la disfunción se acerca a mí, el ‘yo’ está dentro de esa disociación. No la miro con una actitud diseccionadora y analítica.” La cisura de Rolando está narrada en dos momentos. Rolando, un chico de unos diez años, pierde el habla, queda afásico. “Uno supone que la pérdida del habla es una incapacidad, pero para el personaje es lo más natural del mundo; los que se disocian son quienes rodean a Rolando”, subrayó el ganador del Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur. El segundo momento de la novela toma al mismo personaje a los cuarenta y pico, cuando sufre una crisis crucial. “Entonces acude a la terapia lacaniana, a través de la que hago un homenaje al lenguaje, porque Lacan es lenguaje y es ficción –planteó el escritor–. Tanto la primera parte como la segunda tienen que ver con una estructura, hay un punto muy vinculante, no sólo es el mismo personaje en dos momentos de su vida, sino que hay una estructura técnica que los une, que la llamo ‘la estructura del coyote y del correcaminos’, prueba error, prueba error, ¡bip! ¡bip!, lo intenta agarrar se escapa, lo intenta agarrar se escapa.”
“Escribo porque no sé hablar” es la primera oración de La cisura de Rolando. “Esa frase pertenece al reservorio natural de los escritores; creo que se escribe con 200 o 300 palabras, no más, pero dentro de esas palabras hay un reservorio lingüístico que pertenece al orden de lo afectivo, un bastión idiomático que empieza en la infancia –fundamentó Báñez–. Algunas palabras me parece que son verdaderas, tienen peso específico, textura. La frase ‘escribo porque no sé hablar’, no digo que sea auténtica. A mí la palabra auténtica no me gusta, como tampoco me gusta la palabra literatura; prefiero la palabra escritura. La palabra literatura es canónica, es un fósil; la palabra escritura es imperfecta, es orgánica, incluye el error y yo soy un fanático del error.” Con el insondable mar de fondo, en una tarde nublada y ventosa, Báñez dijo que “el lenguaje es la partera del pensamiento”. Pero cuando escribe, precisó, “no tengo un plan concebido, me dejo llevar”.
A Báñez, que nació en La Plata en 1951 y es periodista del diario El Día, la consagración le llegó después de haber publicado casi una docena de novelas. Como el correcaminos, el escritor intenta escapar del asedio de los coyotes con cámaras, grabadores y micrófonos, que lo persiguen por el Ecocentro. Pero, al fin y al cabo periodista, se deja atrapar, de a ratos por sus colegas, hasta que ¡bip! ¡bip! avisa que ya es suficiente, regala una última frase, “¡qué ciudad hermosa para vivir!”, y se deja llevar, dichosamente contaminado, por las callecitas de Madryn.

source: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-11605-2008-10-…


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:57 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

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larouge243
Envoyé : 14/10/2008 12:37



Gabriel Báñez, ganador del Premio Internacional Letra Sur
El rey (literario) de la Patagonia
La cisura de Rolando fue seleccionada entre 293 novelas. El jurado –integrado por Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan– destacó que es “una apuesta arriesgada”.Ivan Schuliaquer, desde Puerto Madryn
13.10.2008





“Escribo porque no sé hablar.” Esa sola frase inspiró La cisura de Rolando, el libro de Gabriel Báñez que ganó el primer Premio Internacional de Novela Letra Sur, que se entregó en Puerto Madryn e incluye 50 mil pesos para el autor y la publicación de su novela por la editorial El Ateneo.

El fallo del jurado –integrado por Juan Sasturain, Martín Kohan y Claudia Piñeiro– fue unánime, y lo que distinguió al texto ganador de los demás fue “que en un nivel general bueno, se destacó por una apuesta arriesgada”. “Es un elogio para mí que digan eso –aseguró Báñez a Crítica de la Argentina en Chubut–. Soy un fanático del lenguaje, y lo riesgoso supongo que está en algunas de las teorías delirantes que aparecen en los personajes.”

El ganador nació en 1951 en La Plata y, además de escritor, es editor y periodista. “Para que una novela sea elegida debe tener creatividad e inteligencia, pero también mucho aguante”, aseguró Sasturain antes de entregar el galardón. Y Kohan destacó: “Cuando una novela está bien pese a que podría no haberlo estado es porque alguien se arriesgó a no acertar. Eso representa un mérito mayor. Por eso es un regocijo potenciar a un escritor muy valioso”.

La cisura de Rolando, que alude con su nombre a un término médico, es una historia que contiene dos momentos. El primero cuenta la historia de un chico que se queda afásico. Mientras quienes lo rodean buscan desesperadamente que recupere el habla, él toma su discapacidad como algo natural. Luego, a través de la escritura, el chico logra comunicarse. El segundo momento encuentra al mismo personaje a sus cuarenta años –según el autor– “en medio de una crisis brutal marcada por una felicidad plena”, con el habla recuperada y separado, lo que lo hace recurrir a una terapia lacaniana para intentar averiguar qué le está pasando.

“Hay una estructura técnica que une los momentos: la del Coyote y el Correcaminos, porque todos los intentos por atrapar los problemas fracasan”, asegura Báñez, autor de otras novelas como Los chicos desaparecen, Virgen y Cultura, que construye una narrativa marcada por una escritura “que siempre apunta a lo disfuncional” y que se basa en la creencia del autor de que “todos somos un poco discapacitados”.

El premio Letra Sur –organizado por el Grupo Jornada de Chubut y editorial El Ateneo– surge como una alternativa federal a los premios de Buenos Aires. En su dictamen, el jurado también destacó que la novela “combina el riesgo estético y la destreza de su autor para manejar una trama de muchas aristas, en la que se destacan un notable sentido del humor y una aguda reflexión sobre la Argentina”.

Según el relato de Báñez, cuando Marcos Mayer –encargado de la preselección de textos– lo llamó para informarle que era el ganador se quedó perplejo. “Pensé que era una joda, incluso me había olvidado de que había mandado mi novela al concurso”, aseguró el ganador, que con parte del premio saldará una cuenta pendiente: se comprará un telescopio.

Según el escritor, el mundo disfuncional que se ve en sus novelas no le es ajeno. “El ‘yo’ está ahí, no hago un análisis desde afuera. Esa perspectiva tiene que ver con la conciencia de cuánto de mí está comprometido en mi trabajo”, aclara Báñez. El autor asegura que “el lenguaje es la partera del pensamiento” y aclara que prefiere hablar de escritura y no de literatura porque “la escritura es algo más imperfecto, que está en continuo movimiento”.

Entre las diez finalistas, el jurado otorgó también dos menciones especiales a las novelas El silencio del río de Juan Martín Guastavino y Mayo de Sergio Dubcovsky.

Con cara imperturbable, en la entrega del premio Báñez les dedicó el galardón a las ballenas y les pidió disculpas a los organizadores del premio por no haber escrito una historia sobre un niño que entra en una escuela de magia –en alusión a Harry Potter–, aunque aseguró que la buena noticia es que su “novela no es un plagio”. Así, con humor e ironía, Báñez demostró una vez más que en el terreno de la disociación es donde se siente más cómodo.


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 11:57 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

Se entregó el Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur

El mismo día del Nobel, se entregó el flamante premio local organizado por la Editorial El Ateneo y el Grupo Jornada de la provincia de Chubut, y dotado con 50 mil pesos. El prestigioso jurado integrado por Claudia Piñeiro, Martín Kohan y Juan Sasturain distinguió La cisura de Rolando, del escritor y periodista Gabriel Báñez.






LA CISURA DE ROLANDO. "Es una novela que combina el riesgo estético y la destreza de su autor (foto) y destaca un notable sentido del humor y una aguda reflexión sobre la Argentina”, destacó el jurado del certamen que pretende federalizar los concursos literarios.


En la Fundación Ecocentro de la ciudad de Puerto Madryn se llevó y con doscientos asistentes del mundo de la cultura, se cabo la ceremonia de entrega del Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur.

Kohan, Sasturain y Piñeiro, tres autores que han recibido importantes premios a lo largo de su carrera, decidieron por unanimidad, concederle el primer premio a la novela de Báñez. La cisura de Rolando, que será editada por la Editorial El Ateneo, resultó la elegida entre las 293 obras que se presentaron a la primera edición del concurso.

"La cisura de Rolando es una novela que combina el riesgo estético y la destreza de su autor para manejar una trama de muchas aristas, en la que se destaca un notable sentido del humor y una aguda reflexión sobre la Argentina", destacó el jurado que fue coordinado por Marcos Meyer.

Entre las diez obras finalistas, el jurado decidió otorgar también dos menciones especiales a las novelas El silencio del río, de Juan Martín Guastavino y Mayo, de Sergio Dubcovsky.
El premio, explicaron los organizadores a través de un comunicado de prensa, surgió como una alternativa federal a los concursos de novela realizados desde la Ciudad de Buenos Aires.

source: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/10/13/_-01780662.htm


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 12:00 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

De :
larouge243
Envoyé : 16/10/2008 12:25



Premio Letra Sur de novela Gabriel Bañez: "Escribo porque no sé hablar"El periodista platense tiene editadas 12 novelas, varias de ellas traducidas al francés; el jurado se expidió por unanimidad y dijo que la obra de Bañez es atrevida
Martes 14 de octubre de 2008 | 12:20 (hace 2 días)

Por Alejandra Rey



Gabriel Bañez es, desde el jueves último, el ganador del concurso literario "Premio Internacional de Novela Letra Sur", organizado por el Grupo Jornada de la provincia de Chubut y la editorial El Ateneo, con el libro La Cisura de Rolando . El premio es de 50.000 pesos.

Bañez no se parece en nada a Le Clezio, excepto en que ambos se enteraron de que eran ganadores de premios literarios el mismo día. No sabemos dónde estaba el francés, Nobel de literatura, pero de Bañez tenemos algunos datos: la noticia lo soprendió plácidamente sentado en El Doradillo, una playa sublime cercana a Madryn, mirando cómo las ballenas hacían el amor.

Y hay más datos: tiene 57 años, "unas 12" novelas publicadas, es periodista y trabaja para en el diario El Día, de La Plata, ciudad de la que es oriundo. Está casado con Pupy, a quien le dedicó el premio, y es padre de dos hijos, Victoria, a quien también mencionó emocionado durante la ceremonia, y de Facundo, otro escritor que está a punto de publicar una novela inverosímil sobre un inglés, supuestamente fundador de Estudiantes La Plata, a quien mataron en la Primera Guerra Mundial y que tenía bajo el uniforme real la camiseta de los pincharratas. ¿Aclaramos que Bañez padre también es muy fanático de su hijo y del equipo platense?

Charlar con Bañez, después de estos datos ilustrativos que él mismo y a regañadientes proporcionó, es fácil y muy divertido. Porque su humor es contagioso y no ahorra nada durante la entrevista a pleno sol y con el mar de fondo.

" La Cisura de Rolando es un término médico y, de paso, el protagonista se llama así. Es una novela, cuyo personaje –dice a LA NACION este hombre, mezcla extraña de Kojak y Ben Kigsley- está imposibilitado de hablar e inventa una forma de comunicarse a través de la taquigrafía y nadie le contesta. Es más, el libro comienza diciendo ‘yo escribo porque no sé hablar’".

La Cisura … está dividido en dos partes: la primera, cuando Rolando encuentra la forma de comunicarse, y la segunda, cuando descubre que está en una crisis horrible porque es serenamente feliz. Y para salir de ese tremendo espacio, acude a un psicoanalista lacaniano y homofóbico, que parte de la premisa de que todos los argentinos son homosexuales. "El resto no te lo puedo contar", advierte Bañez, ya por el segundo café.

Bañez fue traducido al francés en dos oportunidades y a partir del año próximo una editorial de ese país publicará sus novelas hasta 2014. Es decir, es un hombre exitoso. Aunque ríe cuando La Nacion se lo dice.

Juan Sasturain, Claudia Piñeiro y Martín Kohan, los integrantes del jurado, dicen que Bañez se llevó el premio porque su novela es atrevida (entre otros elogios), algo en lo que coincide Marcos Mayer, el hombre que debió seleccionar las 10 mejores obras de entre 293 novelas remitidas desde varias provincias y del exterior.

Este periodista tímido, melancólico, de un humor corrosivo, se explaya a lo grande cuando se lo interroga por cosas que no tienen que ver con su novela: jura que adora Roma y Lisboa, que prefiere el vino tinto, que cocina muy bien, que es pelado porque hizo un tratamiento para poder quedar así, que quiere ir a Marruecos y que el Mariscal Tito tenía una camiseta de los pincharratas en su despacho, cosa que no habla nada bien de Estudiantes de la Plata.

Ya, más serio, dice que todos sus libros tienen que ver con la disfunción, que yace en toda la cultura, y que con el dinero del premio va a comprase un telescopio, aunque no aclara cuál es la estrella que quiere alcanzar.

Bañez, cuyos antepasados árabes se le notan en la piel, termina la charla y el café diciendo que le dan pudor los resportajes.


http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1059107


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 12:00 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

De :
larouge243
Envoyé : 16/10/2008 13:11
Distinto es el caso del narrador platense Gabriel Báñez —autor, entre otras novelas, de Paredón, paredón—, quien encarnó una galería de personajes que bien podrían formar parte de su narrativa: “En la época del incipiente y falaz destape argentino fui Samantha Evans, la autora de cuentos eróticos para la revista Shock. También hice de negro literario para un importante empresario del acero y fui su voz redentora en la autobiografía donde expiaba culpas, luego de mandar a la quiebra a empresa y obreros. De ahí pasé a opinar sobre el conductismo y otras técnicas ligadas a la psicoterapia. En la piel de Albión Pereda confeccioné un par de revistas empresariales para una tarjeta de plástico. Hice asimismo, pero como Ibáñez, el libro de Córdoba para la campaña de Angeloz en esa provincia. Y mi curriculum mercenario se completa como la Dra. Miriam Balbuena, sexóloga radial. Sigo pensando, sin embargo, que Ibáñez es mi verdadera voz. De todos modos, con la I o sin la I en el apellido, siempre viví a costa de la palabra”.

extrait de Los negros al poder. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-617-2003-06-15.html


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 12:03 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant



Domingo, 15 de Junio de 2003

EL OFICIO DE ESCRITOR
Los negros al poder
Novelas pornográficas, biografías más o menos falsas, libros de cocina, predicciones astrológicas, avisos publicitarios, fotonovelas, guiones de cine, televisión clase B y hasta periodismo amarillo: toda una literatura escrita al ritmo de las necesidades del sustento diario, pero que sus cultores reivindican como una práctica gozosa.



Por Lautaro Ortiz

Sin nombre y sin rostro, la “literatura paralela” producto del encargo transita la delgada línea entre ficción y realidad. Todo es posible en la escritura por contrato, puesto que el pudor se esconde detrás de la máscara de lo anónimo. Desde ese lugar invisible los escritores hacen pie en un terreno minado por historias que, posiblemente, jamás habrían de contar. Al fin y al cabo estos oficios terrestres –pedazos de biografías- se convierten en una gran lupa para leer aspectos de sus obras, si se tiene en cuenta que, en mucho casos, han sido tomados como materia viva para el lenguaje: la predicción y la revelación de la poesía de Olga Orozco puede rastrearse hasta en la escritura de horóscopos que hizo la poeta pampeana para la revista Para Ti y Clarín, así como el concepto de trabajo está marcado a fuego en la obra de Enrique Wernike, quien peleó la vida entre la fabricación de soldaditos de plomo y la escritura de slogans publicitarios.
“Esclavos negros en las plantaciones de la literatura” –como los llamaba el visionario Lichtemberg–, los escritores que aceptan el desafío de crear por encargo en ocasiones hasta encuentran el disparador para sus propias obras: cómo no recordar frente a las páginas de El jugador de Fedor Dostoievski que el ruso la escribió en sólo dos semanas para pagar deudas de juego, o cómo olvidarse del incontenible Boris Vian, capaz de convencer a cualquier editor de que le otorgara un suculento adelanto fundado en su habilidad para redactar en una semana novelas de éxito como Con las mujeres no hay manera, o la serie de textos que firmó con el seudónimo de Vernon Sullivan.
“El asunto es ganar el condumio”, sentenció alguna vez Augusto Roa Bastos al recordar sus 22 años de exilio en nuestro país, trabajando como conserje en un hotel alojamiento y escribiendo guiones para algunas películas olvidables. Eso mismo habrían dicho los escritores españoles exiliados en argentina en la década del ‘40 (María Teresa León, Rafael Alberti, Francisco Ayala, Rosa Chacel) si alguien los hubiese interrogado acerca de cómo era eso de escribir a destajo para la industria editorial local. Convocados para que hablaran sobre la intimidad de esos trabajos “impuros”, diez escritores argentinos abren la puerta de la trastienda y cuentan cómo es vivir a salto de letra.

Secretos y mentiras
A principios de 1990, el narrador y periodista Hernán López Echagüe recibió a través de un amigo el encargo del empresario E. S. “El hombre -refiere Echagüe– había sido banquero en tiempos de la dictadura, y funcionarios de Martínez de Hoz lo habían conducido a la bancarrota. Quería contarlo todo. Pactamos un pago: cuatro mil dólares, dos mil en el momento y el resto contra entrega del original. Prestar mis palabras a un desconocido a cambio de una buena cantidad de billetes se me antojó un delito menor. Me hundí entonces en las espesuras de la tragedia ajena; vestí las ropas de ese hombre, me metí en su pellejo y en su pasado reciente. Estuve al frente de un banco, ocupé un despacho suntuoso, en mi residencia de Punta del Este recibí amigos y políticos, ofrecí créditos, impulsé inversiones, me reuní con autoridades económicas detestables, almorcé en el Alvear con personajes demoníacos, vendí y compré propiedades, proyecté edificios, me hice una escapada a París, de allí a Nueva York, amé como pocos lo han hecho el modelo económico norteamericano, y fui un auténtico peronista, de esos que añoran la comunidad organizada, los planes quinquenales y los pies dentro del plato. Hasta que me quitaron el banco y quebré. Y punto final al libro. Retomé mi personalidad, entregué al empresario el original del libro, y ocurrió lo inesperado: no me quiso pagar los dos mil dólares que faltaban y habíamos pactado como caballeros.” Distinto es el caso del narrador platense Gabriel Báñez —autor, entre otras novelas, de Paredón, paredón—, quien encarnó una galería de personajes que bien podrían formar parte de su narrativa: “En la época del incipiente y falaz destape argentino fui Samantha Evans, la autora de cuentos eróticos para la revista Shock. También hice de negro literario para un importante empresario del acero y fui su voz redentora en la autobiografía donde expiaba culpas, luego de mandar a la quiebra a empresa y obreros. De ahí pasé a opinar sobre el conductismo y otras técnicas ligadas a la psicoterapia. En la piel de Albión Pereda confeccioné un par de revistas empresariales para una tarjeta de plástico. Hice asimismo, pero como Ibáñez, el libro de Córdoba para la campaña de Angeloz en esa provincia. Y mi curriculum mercenario se completa como la Dra. Miriam Balbuena, sexóloga radial. Sigo pensando, sin embargo, que Ibáñez es mi verdadera voz. De todos modos, con la I o sin la I en el apellido, siempre viví a costa de la palabra”.
La narradora Ana María Shua asegura que nunca supo ganar dinero de otra manera que no fuera a través de la palabra escrita. Por eso, cuando le pidieron escribir una novela erótica no lo dudó, aunque la firmó como hombre. La obra por encargo, sin embargo, tomó rumbos inesperados: “Recuerdo que Rolando Hanglin hasta la recomendó en su programa radial. Encantadísimo con el tono machista del supuesto autor, le hizo un reportaje a mi marido por un celular, mientras yo intervenía diciendo disparates y fingiendo ser la musa del novedoso narrador”.
Quien destina tiempo completo a sus trabajos paralelos a la narrativa es Sergio Bizzio, autor de varios novelones televisivos: “Desde hace 12 o 13 años, cuando escribí el primer programa, he redactado hasta el momento un número ínfimo de páginas de literatura en comparación con la montaña que dediqué a la TV. Sin embargo, no encuentro ningún efecto contaminante entre la confección de un guión y la literatura, ni siquiera en estos meses, en que estuve trabajando en dos programas (‘Malandras’ y ‘La familia Potente’)”. El autor de Planet asegura que el tiempo utilizado en los trabajos por encargo se recupera “si al final de la línea me espera un cuento”. A pesar del entusiasmo con sus dos nuevos proyectos (uno con Adrián Caetano y otro con Diego Kaplan) el desempleo siempre está latente: “En el tiempo libre entre un programa y otro, ahí donde la literatura sonríe, yo tiemblo”.

Como el cazador pobre
Autor de varias novelas de culto, partícipe del movimiento surrealista argentino, para el poeta Julio Llinás su trabajo con la palabra esta íntimamente ligado a sus vivencias: “La palabra fue una herramienta más para subsistir”, dice. Y agrega: “Además de publicidad, redacté una autobiografía de un reconocido periodista y relator de fútbol y hasta di forma a aburridos artículos sobre diseño industrial”. Mientras da los retoques finales a su nuevo libro Brevedades, reflexiona: “Escribir a pedido es una aventura ciega muy ligada a esa otra llamada poesía”.
El cuentista Isidoro Blaisten rescata de sus innumerables oficios la experiencia: “A pesar de las largas horas que me insumieron esos trabajos, creo que la exigencia de tener que escribir determinadas líneas y ninguna más me ayudó a la hora de crear relatos”. El autor de Cerrado por melancolía, además de redactar crónicas policiales, fue la voz oficial de un tarzanito argentino en la revista Billiken: “Debía contestar las cartas a los lectores de Tarzán a través de una campaña publicitaria de Toddy. A veces tenía que escribir demasiadas. Recuerdo que en un concurso de cuentos desde la revista dediqué una frase fulminante a una joven escritora, que tiempo después conocí: Vlady Kociancich”.
Un caso inverso es el narrado por la periodista Silvina Walger, quien dio forma y contenido a un trabajo de investigación sobre la frivolidadmenemista como consecuencia de un encargo: “Antonio Gasalla me contrató para hacerle un resumen de la realidad política argentina que luego utilizaría en su monólogo televisivo. Tenía tantos datos sobre los funcionarios menemistas que Gasalla me dijo: `¿Por qué no escribís un libro con todo eso?’, y de aquella sugerencia nació Pizza con champagne”. Los antecedentes laborales de Walger como fichero viviente no terminan aquí; también elaboró resúmenes sobre personajes públicos para que Horangel confeccionara sus predicciones en Los 12 del signo.

Sobrevivir en el exilio
La otra cara de la literatura por encargo puede rastrearse en los años del exilio de los argentinos. Conseguir trabajo era tarea primordial y además se trataba de interrumpir por un instante ese desolador silencio creativo que impuso la última dictadura militar. El estímulo de la palabra podía llegar de cualquier lado: mientras el periodista Horacio Verbitsky lo buscaba escribiendo libros de cocina judía, el cineasta Eduardo Mignogna —en Madrid— adaptaba cuentos al formato de historieta, escribía avisos comerciales y se metía de lleno en la redacción de guiones para cine y televisión de poco valor.
Quien recuerda con detalles aquellos años es el poeta Horacio Salas, autor de 12 cuadernillos astrológicos que llegaron a vender 600 mil ejemplares en España. “Fue un trabajo para el sello Sedmay. Me dieron 20 días y 48 páginas para cada signo. Salí desesperado y me compré cinco libros sobre el tema.” Entre otros pedidos, el desafío mayor fue escribir una novela pornográfica: “Yo tenía que adelantarle al editor los capítulos y, al mismo tiempo, soportar sus reclamos: `¡Hombre, más paja, más paja!’, me decía. Era una historia muy loca, sobre una monja en tiempos de la guerra civil. Por aquel entonces escribir era una dosis de anestesia para apaciguar el destierro”, concluye.
Fiel a su vocación de viajero, el poeta Jorge Boccanera se ganó la vida, entre otros oficios, escribiendo para la revista de viajes Pasaporte 2000, durante su exilio en México. A pedido de su amigo, Eduardo Molina y Vedia, Boccanera fue el encargado de armar notas a partir de fotografías y bibliografía que iban dejando sobre su escritorio. “Se suponía que eran escritas desde el lugar de la acción”, dice. Oculto bajo seudónimos como Raúl Otagaray, el poeta anduvo “por los monasterios rumanos de Bucovina y las islas Cícladas del mar Egeo”, y en el cuerpo de Víctor Englebert se trasladó “con el pueblo nómade de los bororos entre Níger y Nigeria”. Tiempo después se perfiló como cronista de shows eróticos en centros nocturnos internacionales: “En París describí el ritual de Lova Moor, una nórdica que bailaba en el Crazy Horse, las piernas interminables de Elsa Manet (una mujer infernal flotando en las tablas del Casino) y la sacerdotisa del Moulin Rouge, Watusi, una vedette negra brasileña publicitada como africana. Recuerdo un strip tease colectivo en el Rip Off del teatro Montmartre, y a Ulla Tempest, la chica de Hamburgo, desnudándose en el cabaret Le Milliardaire. Describí a la Tempest con forma de relato futbolístico, como si me detuviera en cada una de esas jugadas que van anunciando el gol”.
Gutiérrez a secas, la reciente novela de Vicente Battista, tiene como protagonista a un personaje que escribe libros por encargo. La misma tarea que el autor debió realizar para el sello Bruguera durante su exilio en Barcelona. Con el nombre de Tomás Baeza escribió, en una Olivetti destartalada, títulos como La cábala, El Diablo en 25.000 palabras y Sectas y sociedades secretas, mientras relataba historias de policías y ladrones que obligatoriamente transcurrían en Nueva York, Los Angeles o Chicago. Los secretos de escribir rápido y cobrar cuanto antes se los enseñó Alejandro Vignatti: “Me habían encargado un libro sobre sectas. Vignatti me prestó un viejo volumen, fechado en el 1900 y me dijo: `Sacálos datos que necesites de aquí, pero no usés lo que está subrayado’”. La razón era que su amigo también había utilizado ese volumen para un libro similar en la misma editorial: “Ese sistema, una suerte de intertextualidad, se llamaba fusilar un libro”.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-617-2003-06-15.html


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 12:04 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

No creo en nada logrado


por Omar Genovese
omar.genovese@gmail.com






Entrevista a Gabriel Báñez, quien ganó el concurso internacional de novela Letra Sur con su obra La cisura de Rolando. Ocupado en la entrega del original definitivo para la edición en El Ateneo, dialoga brevemente con HdA.


Omar Genovese: ¿Cuánto de cierto hay en que existe un flujo entre cierta infrarrealidad de la palabra hablada y el trabajo diario de un novelista en torno a la construcción del estilo? ¿Es contaminante al punto de necesitar una campana de cristal para que el tableteo del decir desesperado (egoísta, como todo monólogo) lo invada y saque de la tarea en sí? ¿O usted se siente cómodo y puede sobreponerse a las demandas de los significados inmediatos? En términos monocordes, ¿nota un efecto de comunión y vulgarización de los discursos? ¿Es esa una de las primeras luchas (y tal vez la más costosa) que debe realizar un escritor argentino en esta actualidad invasora?
Gabriel Báñez: En la construcción de un estilo hay tantos flujos como tonos, modulaciones, registros e intencionalidades de esa palabra hablada. Pero también, en la construcción de un estilo, hay un principio que deconstruye esas múltiples reverberaciones lingüísticas que es atribuible al yo. Por eso, nada más mentiroso que el “yo” y nada más contaminado que el estilo.
Creo que sí: es contaminante y contaminado, en la cristalización estilística –como señalaba Middleton Murry- el participio último fija, consagra o solidifica eso llamado estilo. De allí que la campana de cristal sea inútil, ingenua, pretenciosa. La escritura, hablando de comodidad, es siempre inconfortable. Luego, los discursos, esa vulgata de vulgatas, se religan (hablando de comunión) e intervienen en los textos. Nos intervienen. ¿Dominamos el lenguaje? Creo que, en algún sentido, somos hijos del lenguaje, a él pertenecemos, y este nos domina y emplea. Madre es lenguaje, padre es escritura. La lucha es siempre con la palabra, lucha en sentido convivencial o, si se prefiere, en términos de parricidio. La actualidad invasora, si entendí bien, no debería apuntar a esos discursos sino que debería dejarse llevar por ellos. Contaminarse. Luego, inconfortablemente, escribir. Lo que se pueda.

Omar Genovese: Ya que estamos en esa cuestión que nos habla (el padre, la madre, nosotros como putativos e intrusos, ya lectores, ya escritores), hay en ese entusiasmo que perdura para convertirse en novela, un plan, algo que se teje incluso contra la voluntad del escritor. Un plan maestro o la maestría de los resultados. Porque publicar es muy distinto a la acumulación de originales inéditos. Borges sugería que publicar es el único camino para dejar de corregir. Y el plan, entonces, se puede concebir como un efecto de la publicación. Creo que ahí existe un vacío, lleno de terror e incertidumbre. Osvaldo Lamborghini tenía un plan, o el plan se hizo con él, arrasatrándolo al silencio definitivo. Ciertos escritores tienen la fortuna de publicar toda su obra en vida, otros, ninguna. Por caso, en otro ámbito, el influyente Wittgenstein publicó un solo texto en vida, y el mismo no fue definitivo, y lo que siguió fue una refutación de aquello, pero inédito. Lo postmortem acude, con su cinismo, para resaltar esa frase del filósofo: “Toda nube de filosofía se condensa en una gotita de gramática.” ¿Podemos pensar que la fantasía de un escritor siempre se encuentra en lograr esa gota de gramática (novela) capaz de condensar toda la literatura?
Gabriel Báñez: ¿Un plan? No lo sé. No creo demasiado en los planes, ni personales o ajenos. Menos en los planes que se inscriben fuera de la condición humana. Todo es azar. En el terreno de las publicaciones, cierto: Lamborghini no lo tenía. En Borges el concepto era finalista: dejar de corregir. De todos modos, me parece que la edición de un texto es un síntoma. Se advierte que alguien ha estado escribiendo en algún momento de su vida, se admite que esa persona que ha estado escribiendo en algún momento de su vida es escritor sólo cuando el síntoma libro publicado se manifiesta. En nuestras sociedades es así. Wittgenstein redujo casi todos los problemas de la filosofía a la lógica, en términos poéticos su reduccionismo cabe en una gota, también. La fantasía de condensar acaso esté en algunos autores, no lo sé. No es mi caso. Personalmente, disgregación es la palabra. Nos vamos disgregando en diferentes textos, editados o no, y en esa disgregación misma está el sentido de la escritura: perderse, formar parte del colectivo anónimo. En tren de fantasear, creo que todos terminamos yendo al mar del lenguaje. Siempre me digo lo mismo: uno muere y va a parar al argumento. Todas las generaciones están destinadas a fracasar, morir, decía Gertrude Stein. No creo en nada logrado.
Omar Genovese: Ah, el pesimismo, Báñez, el pesimismo nos lleva casi a la fatalidad: si seguimos a Stein nos vuelve la pregunta, ¿y para qué perdernos en la literatura si ya estamos perdidos antes de escribir una sola línea? ¿Para qué ser colectivos si el entorno humano ya fracasó y resulta irremediable? ¿O el desafío es publicar el síntoma propio como equívoco de todo ello? En su escritura está la marca. Leo un texto suyo, al azar, y tiene el tilde Báñez, el tiempo Báñez, y hasta una geografía propia. Como escritor fundó un mundo, reflejo anamórfico de otro, o especularidad de su inmanencia insoportable, y es evidente que acciona, contamina, hace continuo, pero para nada síntoma. ¿Qué enferma más? ¿Escribir o no hacerlo?
Gabriel Báñez: Ah, la lírica, Genovese. Pero, cierto, touché. La verónica con las dos últimas preguntas me deja casi mudo. Pero pienso: no escribir, enferma. Y escribir -sigo como pensando-, es propagación. ¿Puede uno dejar de propagar? Creo que no. Y cada uno lo hace en la medida de su posible. En eso estamos. La contradicción, me digo, surge de la intensa alegría que nos procura la tarea. Un poco insensatos, a contracorriente quizá. Pero de lo otro, no, fijate, no fundé ningún mundo.
Omar Genovese: Puede que la inmersión entre las palabras propias –en las acciones que determinan el progeso de toda escritura-, impida tomar la distancia suficiente para dar al conjunto “novela” la característica astronómica. Como lector creo percibirla, tal vez se está engendrando con todo texto que se agrega, de manera independiente, simulando el destino de gravedad y masa.
Gabriel Báñez: Ojalá. Apenas escribí sobre algunos munditos de pertenencia que permanecían desapercibidos -un poco como yo-, para poder tenerlos más presentes, para que no se me borraran. Mi vieja cosía para afuera y yo, a veces y con ciertos hilvanes, siento que estoy escribiendo para afuera también.

Publicada el 23/10/08. Archivada bajo 'Entrevistas, Omar Genovese


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MessagePosté le: Ven 6 Fév - 12:14 (2009)    Sujet du message: Premio para Gabriel Báñez Répondre en citant

Gabriel báñez, novelista platense de culto
“Disfruto de ser un escritor desapercibido”Viene de ganar el Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur. La ciudad de La Plata es el Macondo de sus libros y su lugar en el mundo. Juan Terranova
27.11.2008






Como un desierto. Gabriel Báñez ve así a la capital bonaerense a la hora de escribir.



Gabriel Báñez nació en La Plata y es autor de una docena de libros, la mayoría novelas con títulos tan sugerentes como Hacer el odio, Paredón, paredón o El curandero del cuarto oscuro. Hablar de su perfil bajo, de su ausencia del circuito de exposición cultural porteño y de su genialidad oculta ya casi es un lugar común. Sin embargo, Báñez tiene una larga vida como periodista en medios nacionales y a principios de octubre ganó el Primer Premio Internacional de Novela Letra Sur con La cisura de Rolando, que se presenta el miércoles 3 de diciembre en el Ateneo. En la ceremonia de entrega del premio que se realizó en Puerto Madryn, con mar y ballenas de fondo, contó que la novela narra la historia de un chico de diez años que pierde el habla y se queda afásico. En Cultura, su último libro, ya había tenido un protagonista disfuncional que, escindido, recorría un inspirado retrato del usual maridaje entre la esquizofrenia, los fármacos y esa conocida área burocrático-política que, a falta de mejor nombre, se denomina “Cultura” en ministerios, intendencias y otras dependencias públicas. Desde mediado de 2006, escribe con perspicacia sobre libros y actualidad en su blog cortey.blogspot.com.

–¿Es un escritor escondido o que se esconde?

–Un poco las dos cosas, creo. Tengo bastantes dificultades para relacionarme y me cuesta aún más participar socialmente de eventos, charlas, mesas redondas o cualquiera de esos eventos. Me inhibe mucho la exposición y pienso siempre lo mismo: “¿Qué cosa importante puedo decir?”. Analizo un poco y llego –invariable y velozmente– a la misma conclusión: “Nada”. Lo que me ha creado más de un problema. Hace unos años el editor de Octubre amarillo, las crónicas sobre el caso Barreda, decidió publicarlas y presentarlas en la Feria del Libro porteña. Lo hizo, pero yo no asistí a la presentación de mi libro. Creo que se enojó bastante. No sé qué excusa habré puesto ese día. Esas cosas me dan pavura. Pero más que fobia social creo que se trata de una tara. Soy un escritor desapercibido, digamos. Pero ese lugar lo disfruto enormemente, me resta ansiedad.

–¿Cómo se le ocurrió escribir Cultura?

–Surgió. Uno nunca sabe, la creación es de tránsito lento. Lo que sí: más que una parodia sobre la cultura oficial, es una versión en miligramos de esa cultura.

–¿En qué lector piensa cuando escribe?

–En ninguno. O sí: en mi otro lector. Escribo para poder seguir leyéndome, para ver de qué trata eso.

–La Plata a veces aparece en su escritura. ¿Qué relación tiene con la ciudad?

–Es una relación polémica, afectiva quiero decir. La mayoría de mis historias transcurren en La Plata porque carece de mitología. La Plata es ensayo y Berisso, digamos, es novela. La maqueta en damero que es la ciudad me permite novelar, es como un desierto de Buzzati con el cual yo puedo ir armando espejismos y personajes. Días en que la amo, días en que la aborrezco. Es como una ciudad rusa de provincia, muy bella, espaciada, grandes avenidas y edificios públicos, serios problemas de identidad.

–¿Existe una teoría de la novela platense?

–Ni idea. A lo mejor existía y yo la arruiné. Pero no, en serio, lo que sí ha habido –felizmente– son hitos irrenunciables, como el olvidado y enigmático Benito Lynch; expresiones aisladas y valiosas, como Falcioni, Atanasiú; intentos interesantes por referenciar la ciudad, como Pilar de Lusarreta; y luego menciones a la ciudad en novelistas de paso, pero tan trascendentes como Walsh o Puig y otros. A veces se ha dado una insinuación entre lo exótico y lo alternativo, como en Bioy, con su fotógrafo menor en tren de aventuras platenses. Pero nunca o casi nunca la ciudad ha estado orgánicamente integrada a la obra narrativa, salvo casos excepcionales, aislados. Felizmente, porque en la narrativa no se ha dado lo que en la poesía, ese intento decadente por aborregar a los excelentes poetas que ha dado la ciudad detrás de una presunta escuela o teoría “platense”. Una gansada narcisista. Por suerte, la buena poesía joven y la no tan joven de primer nivel ya ha entendido ese patético proyecto de corral.

–Sus últimas novelas tienen un humor raro, entre la ironía y la resignación. ¿Es algo buscado o surge solo a la hora de escribir?

–Es cierto, pero surge naturalmente, a pesar de. Fijate que siempre, en letanía, me repito en voz baja el mismo lugar común: el humor es un recurso de la desesperación. O sea: el desesperado debo ser yo, seguro. Quizá porque tengo una visión un tanto desencantada de las cosas. O porque miro un poco torcido, no sé. En cambio, en el fracaso, en eso sí que creo. Digamos que soy un experto en esa materia, fracasando me muevo bastante bien. El fracaso debe ser el más genuino proyecto surgido de la condición humana, le presto atención. Lo risible son los intentos por superarlo, lo risible es el fervor que la sociedad de hoy pone en su contrario, el éxito, esa palabrita de raíz global que nos indica exit, siga el cartel, la salida es por acá.


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